Crema de Mango

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Café

Enero 6, 2009 · 1 comentario

cafeEn inglés, coffee.

Cuenta una leyenda que, a mediados del siglo IX, un pastor etíope llamado Kaldi observó que sus cabras se mostraban más retozonas después de haber comido las bayas rojas de cierto árbol. Kaldi probó las bayas y, efectivamente, se sintió mucho más optimista.

Encantado con su descubrimiento, llevó una muestra de aquellas bayas a un santón que habitaba en un monasterio. Pero éste, que ya en aquella época veía con recelo el consumo de drogas, arrojó las bayas al fuego. Sin embargo, el aroma que desprendían aquellos granos de café tostados era demasiado tentador…

Otra leyenda, mucho más exótica, afirma que fue un místico sufí llamado Sheij al Shadhili quien descubrió los efectos del café en su Yemen natal.

Sea como fuere, el descubrimiento corrió de boca en boca, y dos siglos después la planta del café (el cafeto) se cultivaba en la Península Arábiga. Las bayas no se comían ya crudas: ahora se tostaban y se hervían en agua. El producto obtenido era una exquisita bebida, amarga y estimulante, que los árabes denominaban ‘qahuat al bun’ (vino de drupa). Como la religión islámica prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas, aquel ‘vino’ venía a ser un sucedáneo aceptable del vino de uva. La palabra pasó al turco como kahvé, y de ahí al italiano caffè. El resto, creo que todos lo conocemos.

El café se fue expandiendo por el mundo árabe, y a finales del siglo XV abrió al público en Constantinopla (hoy Estambul) la primera cafetería de la Historia. El café protagonizó posiblemente el primer episodio conocido de lucha contra las drogas. El Imperio Otomano prohibió su consumo en 1511, pero terminó cediendo a la popularidad de aquella bebida. Años después fue también prohibida en El Cairo, pero la reacción popular fue violenta, y los almacenes de café de la ciudad fueron saqueados.

En Europa, muchos asociaban el café a la brujería, y el Papa Vicente III estuvo a punto de prohibir el consumo de aquel brebaje que, según había oído, era la ‘bebida del diablo’. Por suerte, antes de proscribir su consumo… lo probó. De hecho, en 1763 sólo en Venecia había más de 2000 cafeterías.

Los aficionados a la música clásica conocerán sin duda la deliciosa cantata de Johann Sebastian Bach “Schweigt stille, plaudert nicht” (Cállate, y deja de parlotear). En ella, un padre trata por todos los medios de impedir que su hija beba café. Finalmente, padre e hija llegan a un acuerdo: Lieschen dejará el café si su padre le encuentra un novio. Secretamente, sin embargo, Lieschen hace saber a todos sus pretendientes que, si quieren casarse con ella, deberán cumplir una condición: dejarle beber cafe…

Con el paso del tiempo, el café se ha convertido en el segundo producto básico más comercializado del mundo. Todos los años se consumen en el mundo más de 400.000 tazas de café. Sólo el petróleo lo consigue superar.

Pero no es bebible.

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