Plátano, banana, guineo

En inglés: plantain, banana, guineo

En los países de habla española, la confusión que rodea al plátano y la banana es inextricable. Para poner un poco de orden, digamos que se trata de dos plantas pertenecientes al género de las musáceas, aunque el fruto de una de ellas (el plátano o plátano macho) se come frito o hervido, mientras que el fruto de la otra (la banana), que es dulce, se come normalmente crudo. Para complicar aún más las cosas, hay una tercera fruta (el guineo), que en algunos lugares es un plátano verde, y en otros, una banana pequeña.

Las musáceas son originarias del sureste de Asia. Aunque fueron domesticadas, es todavía posible encontrar muchas especies de bananas silvestres en Nueva Guinea, Malasia, Indonesia y Filipinas. En Papua Nueva Guinea, concretamente, la banana se cultivaba ya hace 7.000 años.

Desde Indonesia se propagaron hacia el este, hasta Hawaii y la Polinesia, y por el oeste hasta África y España. En la Edad Media, las bananas de Granada estaban consideradas entre las mejores del mundo. En el siglo XVI, los colonizadores portugueses llevaron la planta del África occidental a Santo Domingo, y de allá se extendió al resto de América Central, donde actualmente hay enormes plantaciones, aunque los principales productores son India y China.

Aunque en los países ricos la banana no forma parte de la dieta diaria, en muchos países es un alimento tan esencial como la patata, el arroz, el pan o la yuca, que nunca pueden faltar en la mesa del pobre.

No es el caso de Groenlandia, naturalmente, ya que la banana, el plátano y el guineo (si es que realmente se trata de tres cosas distintas) requieren un clima cálido (en torno a 26ºC durante todo el año) y húmedo, con lluvias prolongadas y frecuentes. Para desgracia de los groenlandeses, el banano deja de crecer cuando la temperatura baja de 18 ºC, y se deteriora irremediablemente por debajo de 13 ºC. Ah, y parece que es falso el rumor de que la piel seca de la banana es alucinógena.

Hay muchísimas variedades de musáceas, algunas de ellas con nombres bastante curiosos: pisang jari buaya, gros Michel, dedo de dama, Cavendish enano, robusta, golden beauty, maricongo… y otras híbridas, con nombres tales como: burro, francés, macho, manzana, cenizo, chato, pelipita, dominico, o -en un alarde de falta de imaginación- FHIA 21. La palabra ‘banana’ procede en realidad del wolof, una lengua hablada en Senegal, Gambia y Mauritania.

Las musáceas tienen uno de los genomas más pequeños de todas las plantas, lo cual sin duda demuestra que el tamaño no es, en fin de cuentas, tan importante como se nos quiere hacer creer. Los bananos no son árboles, sino arbustos, aunque pueden alcanzar hasta 15 metros de altura. Una planta normal produce al año unos 300 o 350 racimos, cada uno de los cuales suele pesar entre 30 y 45 kilogramos. El plátano morado es más resistente a las enfermedades, pero tarda más de un año y medio en dar fruto.

Aunque a muchos no nos lo parezca, la banana madura es un alimento muy digestivo. Tiene tantas vitaminas B y C como el tomate o la naranja, además de abundantes sales minerales de hierro, fósforo, calcio, magnesio, potasio y zinc… Toda una ferretería.

Algunas curiosidades que pocos conocen: expuestas a la luz ultravioleta, las bananas se vuelven fluorescentes. Además, la piel de banana puede utilizarse para limpiar ríos contaminados de metales pesados.

El Diccionario de la Real Academia Española recoge algunos usos (y, como es habitual en ella, desusos) de la palabra ‘plátano’. Por ejemplo:

Estar alguien más pelado que un plátano (Cuba): Pasar por una mala situación económica.
No comer plátano por no botar la cáscara (Perú): Ser tacaño y cicatero.
Tener uno la mancha de plátano (Puerto Rico): Ser un puertorriqueño típico.

En India, el bulbo del banano exprimido se usa como remedio contra la ictericia y contra los cólicos nefríticos. Sus hojas se utilizan en Japón para fabricar manteles y kimonos, y en Nepal para tejer a mano alfombras de sedosa textura. Ah, y existe también una variedad de papel hecha de piel de banana.

En música y cine, la banana ha sido una fruta de gran éxito. La canción “Yes! We Have No Bananas” fue, durante los años 20 y 30, la partitura más vendida de la historia de la música. Llegó a ser interpretada por Benny Goodman. Ha sido cantada, mencionada o tarareada en películas como “Sólo los ángeles tienen alas”, “Sabrina”, “El paciente inglés”, e incluso en versión alemana, en la película “Uno, dos, tres” de Billy Wilder, aunque con un título muy poco sugestivo: “Ausgerechnet Bananen”.

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