Kiwi

En inglés, kiwifruit

En inglés, kiwifruit

Si por un azar de la vida se encuentra usted en Nueva Zelanda y se le ocurre pedir ‘un kiwi’, no es improbable que alguien suelte una carcajada. En aquel país, lo que usted conoce como ‘kiwi’ es conocido en realidad como ‘kiwifruit’. Y con razón. Porque en Nueva Zelanda ‘kiwi’ es no sólo el nombre de un pájaro, sino también el nombre que los neozelandeses se dan familiarmente a sí mismos.

Empecemos por el pájaro.

baby-kiwi

El kiwi es un ave sin alas, de aspecto redondeado y esponjoso, pariente del emú y del avestruz aunque mucho más pequeño, que con los años ha llegado a ser el símbolo de Nueva Zelanda. El nombre es de origen maorí, pero hay dos teorías al respecto. Hay quien piensa que la palabra es simplemente una imitación de su manera de piar, y hay quien cree que la empezaron a usar los primeros polinesios que llegaron a aquellas islas. Según esta segunda teoría, el pájaro kiwi se parece mucho a una variedad migratoria de zarapito o sarapico que pasa los inviernos en las islas tropicales del Pacífico. En mi opinión, esas dos aves se parecen como un huevo a una castaña pero, si usted lo duda, pinche en el enlace y juzgue por usted mismo.

A la vista del pajarito de la foto, no es difícil averiguar por qué los neozelandeses llamaron ‘kiwifruit’ a las bayas comestibles de diversas especies trepadoras del género Actinidia. Aunque la más común es Actinidia deliciosa, conocida también como ‘mangüeyo’, hay otras especies igualmente comestibles, como la libidinosa Actinidia poligama, y otras con nombres tan evocadores como ‘Arctic beauty’ o tan enigmáticos como ‘kolomikta’.

La fruta kiwi es originaria del nordeste de China, según unos autores, o del suroeste, según otros. Originalmente era conocida allí como ‘yangtao’ o ‘melocotón fresa’. Coloquialmente, los chinos se refieren también a ella como ‘melocotón de mono’, ‘pera de macaco’, ‘pera trepadora’ o ‘melocotón sol’. No estaba tradicionalmente considerada como una fruta de mesa, sino que se la daban a los niños para estimular su crecimiento y a las recién paridas para ayudarlas a restablecerse.

Las primeras semillas de esta fruta llegaron a la Real Sociedad Horticultora de Londres en 1847. Como son necesarias una planta macho y una hembra para obtener fruto, durante mucho tiempo se usó sólo con fines ornamentales. De China, la especie pasó a Nueva Zelanda en los comienzos del siglo XX. La versión más extendida atribuye a una tal Isabel Fraser, directora de un colegio de niñas en China, la que llevó a Nueva Zelanda las primeras semillas de kiwi durante una visita a su hermana, que era misionera en aquellas islas.

El caso es que, durante la segunda guerra mundial, los militares americanos destacados en Nueva Zelanda se aficionaron mucho a aquella fruta, que no tardó  en ser conocida en Estados Unidos. En 1961, el kiwi apareció por primera vez en la carta de un restaurante de California, aunque en aquella época lo llamaban ‘Chinese gooseberry’, es decir, ‘grosella china’. Pero los primeros importadores no estaban satisfechos con aquel nombre y querían algo más pegadizo. Una de las alternativas que consideraron fue ‘melonette’, pero lo terminaron descartando porque los melones, por aquel entonces, pagaban unos aranceles muy altos. Así que, por semejanza con el famoso pájaro, se decidieron por ‘kiwifruit’. Algo así como si en español dijéramos ‘fruta gallina’, o ‘fruta periquito’.

Desde el punto de vista de la salud, el kiwi es un potente antioxidante. Además, está repleto de vitamina A, y contiene proporcionalmente más vitamina C que una naranja. Tiene también una gran cantidad de fibra. Protege frente al asma y la ceguera, y tiene efectos muy beneficiosos sobre el sistema cardiovascular. Pero no coma kiwis si es usted alérgico al látex o tiene propensión a los cálculos renales o de la vesícula biliar.

Una virtud no muy conocida del kiwi: gracias a su contenido en ácido actínico y ácido brómico, es un excelente reblandeciente. ¿Le ha salido correoso el filete que le vendieron como solomillo en la carnicería? Tranquilo. Cúbralo durante 10 minutos con unas rodajas de kiwi recién cortadas, y problema resuelto. Pero no olvide regresar a la carnicería y echarle la bronca al carnicero.

No parece haber ninguna leyenda relacionada con el kiwi, de modo que nos conformaremos con estas dos recetas exóticas a base de esta fruta. La primera es un postre de aspecto delicioso: flan napolitano de fresa y kiwi. Lo mejor de todo: es fácil de cocinar.

La segunda receta es sólo para amantes del riesgo: filete de sardina con puré de kiwi. Ya nos contaréis.

 

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