Higo chumbo

Opuntia_ficus-indica
En inglés, Barbary fig

Quienes conozcan el escudo nacional de México recordarán tal vez que en él aparece representada un águila apresando una serpiente con una de sus garras. El águila tiene cara de pocos amigos, y está posada sobre una curiosa planta azul con pencas en lugar de tallos y pinchos en lugar de hojas.

En el mundo real, esa planta no es azul, sino verde, y se llama nopal. Todos las hemos visto alguna vez, enzarzadas unas en otras, en la ladera áspera de algún collado coronado por un viejo castillo. Para colmo de tan melancólica descripción, resulta que además el nopal es hermafrodita.

Quizá por esa razón, el nopal se propaga con rapidez sorprendente. Deje usted caer una semilla en cualquier hoyo polvoriento de cualquier secarral, y veinte años después el lugar se habrá convertido en una espesura impenetrable. Y ríase usted de las alambradas de espino, porque las hojas del nopal no son en realidad esas pencas oblongas que parecen aguardar a un adversario de mil brazos para jugar surrealistas partidas de ping pong, sino un desafiante ejército de espinas duras y enhiestas con las que las autoridades sanitarias recomiendan no tropezarse.

Los nopales pueden alcanzar 5 m de altura, son perfectamente impermeables al agua, y en los primeros días de la primavera se engalanan con hermosas flores amarillas, rojas o moradas. Con la parsimonia de quien no tiene competidores, aquellas flores maduran y llegan al otoño convertidas en rojos frutos híspidos cuyo sabor nos recuerda al melón.

Aunque el nopal crecen en una franja terrestre árida que va desde la región central de México hasta el Oriente medio, sólo los mexicanos parecen haber apreciado sus múltiples virtudes. En aquel país, las tunas o higos chumbos –que tales nombres recibe el bárbaro fruto del nopal– son fuente de subsistencia para muchos mexicanos, no menos que el elote (maíz) o el agave azul. Según Alexander von Humboldt (pronunciado ‘fon humbolt’), la palabra ‘tuna’ tiene su origen en la isla de Hispaniola, de donde pasó a nuestro vocabulario a comienzos del siglo XVI.

Del nopal, los mexicanos comen los brotes tiernos, que ellos llaman ‘nopalitos’, después de cortarlos en tiras y freírlos con huevos y jalapeños. Delicioso desayuno. La parte más sabrosa del nopal, sin embargo, no son los nopalitos, sino las tunas. Y no sólo crudas, sino también en forma de mermeladas, gelatinas o bebidas. El colonche, por ejemplo, es un licor alcohólico, dulce y suavemente burbujeante, elaborado en México desde tiempo inmemorial, primo hermano del ficodi siciliano y de la maltesa bajtra. Ah, y en la isla de Santa Elena es también conocido un licor de ese mismo fruto, llamado tungi spirit.

En el suroeste de Estados Unidos, los ganaderos han empezado a cultivar el nopal como forraje para sus animales. Además de constituir una cerca formidable, la planta contiene un 85% de agua y en muchos casos hace innecesario abrevar el ganado. Mire usted por dónde. Más peseticas para la faltriquera.

Como todos los cactus, los nopales son algo así como los dromedarios del desierto, y sus raíces se sienten cómodas en terrenos en los que usted y yo pediríamos auxilio a los pocos minutos, por lo que son un excelente remedio contra la erosión. En Túnez y Argelia lo saben bien, y a menudo los plantan estratégicamente para detener el avance de las dunas. Pero también hay quien los elabora para pintar iglesias y conventos, o como pintura impermeabilizante en las viviendas.

¿Admira usted aquel pareo de vivos colores rojos y violáceos? Pues dé las gracias a los nopales, porque las mariquitas, esos insectos de vistosos élitros rojos a topos negros, semejantes al Volkswagen ‘escarabajo’, se encuentran a sus anchas entre los nopales, por lo que muchos cultivadores las crían en grandes cantidades para extraer de ellas el ácido carmínico o ‘carmín’, con el que después elaborarán tintes y colorantes alimentarios. Sí, ha leído usted bien: colorantes alimentarios.

Pero nos estamos olvidando de las tunas. Las tunas o higos chumbos contienen grandes cantidades de vitamina C, y cuando todavía no se habían inventado las farmacias era frecuente ingerirlas como remedio contra el escorbuto. Además, se le atribuyen virtudes medicinales como alivio para trastornos estomacales, diabetes, cortes en la piel, quemaduras solares, estreñimiento, obesidad, resacas, colitis, colesterol e hipertrofia de la próstata. La panacea, al lado del higo chumbo, era agua de sifón.

El aceite de higo chumbo es también un ingrediente de algunas cremas de belleza anunciadas como remedio contra el envejecimiento. Sin embargo, se necesitan cantidades ingentes de tunas para extraer cantidades muy pequeñas de ese aceite, que resulta ser uno de los más caros del mundo.

Cuentan las crónicas que en el siglo XIV el dios Huitzilopochtli se apareció en cierta ocasión a un caudillo azteca y le anunció que la nueva morada de su tribu sería la isla del lago Texcoco. Sabrían cuál era aquel lugar porque, nada más llegar, verían en él un águila posada sobre un cactus, en lo alto de una roca rodeada de agua. Allí, profetizó Huitzilopochtli, construirían una ciudad. En su honor, naturalmente. Como ya estará sospechando usted, la tribu terminó encontrando la isla, el águila y el nopal, y en el año 1325 emprendieron la construcción de la ciudad.

Aquella ciudad se llama hoy Ciudad de México, y tiene más de 20 millones de habitantes. Sin embargo, el nombre que le dieron aquellos primeros moradores fue mucho más descriptivo. Sabiendo que ‘nopal’ en nahuatl es ‘nochtli’, lo lógico era bautizar a la sagrada ciudad como “Tenochtitlan”. Es decir, “el lugar del nopal”. Por eso precisamente el símbolo nacional de México es hoy un águila posada sobre un nopal.

El higo chumbo tiene muchas espinas, y las peores no son las que más asoman, sino otras más chiquitas, casi invisibles, que se clavan con increíble facilidad y que después cuesta mucho desprender. Por eso es aconsejable coger las tunas con pinzas o tenazas y sumergirlas inmediatamente en un cubo con agua. Es el método que yo recomiendo. En unas cuantas horas, el agua separará las espinas del fruto. Después, bastará con lavarlo y quedará listo para comer. (Pelándolo antes, naturalmente).

Por si alguien se cree muy hábil y no toma las precauciones necesarias, he aquí un remedio casero para quitarse las espinas:

Y para despedirnos de esta deliciosa fruta, una receta muy simple que endulzará nuestras sobremesas:

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